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jueves, 1 de noviembre de 2012

Yo-ho-ho, and a bottle of rum!


Pues para la receta de hoy no hace falta una botella entera de ron pero sí un poquito. Si los piratas de Robert Louis Stevenson en La Isla del Tesoro o el mismísimo JackSparrow hubieran conocido el mojito, en lugar de buscar tesoros me los veo corriendo para encontrar menta y limas para prepararse esta refrescante bebida.

En esta ocasión no haremos un mojito para beber, sino para comer. La receta que probé está basada en la de Michelle de Browneyed Baker.


Ingredientes para la masa:
125 ml de buttermilk casero (unas gotas de limón en la leche y dejar reposar unos 15 minutos)
10-12 hojas de menta grandes (las mías eran muy muy grandes)
100g de mantequilla a temperatura ambiente
180g de azúcar
210g de harina tamizada
1 cucharadita de levadura
2 huevos
2 limas (también valdría un limón verde un poco grande)
3 cucharadas de ron bueno
Una pizca de sal

Ingredientes para el frosting:
250g de mantequilla en pomada
450g de azúcar glass
El zumo de una lima
2 cucharadas de ron bueno

Preparación:
Preparamos la buttermilk y mientras lo dejamos reposar ponemos las cápsulas en los moldes y precalentamos el horno a 180 ºC. Yo aproveché también para pesar el resto de los ingredientes y dejarlos todos preparados para tenerlos a mano en el momento de usarlos.
Ponemos la buttermilk en un cazo junto con las hojas de menta y calentamos justo hasta que rompa a hervir. Apartamos del fuego y dejamos reposar para que la menta suelte todo su aroma. Colamos aplastando bien las hojas y reservamos.


Batimos la mantequilla con el azúcar hasta que blanquee y añadimos un huevo mezclando hasta que esté integrado y luego el otro.
Rallamos la piel de una de las limas y extraemos su zumo. Incorporamos ambas cosas a la mezcla anterior, añadimos el ron y batimos hasta que esté todo bien homogéneo.
Por último añadimos la harina tamizada junto con la levadura y la sal y mezclamos con movimientos envolventes hasta que esté bien integrada. Es importante no batir excesivamente, ya que si no nos quedaría el bizcocho demasiado apelmazado.


Repartimos en los moldes hasta llenarlos 2/3 partes y al horno durante 20-25 minutos. Como siempre, se puede comprobar su cocción con el método del palillo. Pasado este tiempo los sacamos del horno y los dejamos enfriar en el mismo molde unos minutos y los sacamos de él para que terminen de enfriarse sobre una rejilla.


Mientras se enfrían, preparamos el frosting para decorarlos. Batimos bien la mantequilla e incorporamos la mitad del azúcar sin dejar de batir. Iremos añadiendo el resto del azúcar poco a poco y finalmente el zumo de lima y el ron. Continuaremos batiendo hasta tener una crema suave pero con suficiente consistencia. Pasamos a la manga y decoramos nuestros cupcakes. 


Para acabarles de dar el toque, les ponemos un trocito de lima cortada en triangulito, una hojita de menta (lo que me costó encontrar hojas pequeñas en nuestra superplanta!) y unas pajitas cortadas.



Veredicto y observaciones:
Hasta la fecha y para mi, una de las mejores recetas de cupcakes que he hecho. Esponjosos, refrescantes y menos pesados que los de chocolate y vainilla de siempre. La frescura de la menta y la lima son espectaculares y el toque de ron los convierte realmente en un mojito masticable. Además quedan monísimos con su decoración. La cantidad de ron y lima se puede ajustar al gusto de cada uno, siempre teniendo en cuenta, sobretodo para el buttercream, que al incorporar líquido podemos dejar demasiado blanda la mezcla. No dejéis de probarlos!!

domingo, 23 de septiembre de 2012

El cine no es un trozo de vida, sino un pedazo de pastel


Si el maestro del suspense Alfred Hitchcock se hubiera metido en berenjenales pasteleros, seguro que el “bizcocho asustado” de mi madre, le hubiera parecido un pastel de película.

La base de la receta es el bizcocho súper esponjoso de La Cocina de Auro. Como cada año para el cumpleaños de mi suegra, mi madre es la cocinera oficinal y como ya se conoce, pensó que después de una copiosa comilona, lo mejor era hacer un pastel ligero. Triunfó, como siempre.

Ingredientes para la masa:
200g de harina
180g de azúcar
1 cucharadita de levadura
90g de aceite de girasol
180g de leche
4 huevos
Ralladura de 1 limón
50g de almendras picadas
1 pizca de sal

Ingredientes para el almíbar:
6 cucharadas de coñac
2 cucharadas de azúcar
4 cucharadas de agua

Ingredientes para el relleno:
50g de mantequilla blanda
2 cucharadas colmadas de azúcar glas
Mermelada al gusto

Ingredientes para la cobertura:
150g de chocolate de cobertura
50g de mantequilla
50g de agua

Ingredientes para la decoración:
Pasta de azúcar (fondant)
Colorantes en gel
Sprinkles

Preparación:
Precalentamos el horno a 180 ºC y preparamos un molde desmoldable grande (24-26cm) y hondo (8-10cm) en el que forraremos el fondo con papel de horno y engrasaremos bien. Espolvoreamos un poco de azúcar y las almendras picadas, que quedarán en el fondo del bizcocho.

Por otro lado, separamos las claras de las yemas y las batimos con la pizca de sal. Antes de que lleguen a subir mucho, añadimos el azúcar sin dejar de batir y lo continuamos haciendo hasta que lleguen a tener la consistencia firme del merengue.


En otro bol tamizamos la harina y levadura y le añadimos el azúcar, el aceite, las yemas, la leche y la ralladura del limón. Mezclamos bien hasta que estén todos bien integrados y obtengamos una masa homogénea.

Vertemos este preparado sobre las claras montadas que habíamos reservado y con ayuda de una espátula o una lengua pastelera lo mezclamos lentamente con movimientos envolventes para que no se bajen mucho.

Rellenamos el molde con la mezcla y lo metemos en el horno. En esta receta los tiempos también son importantes. Lo normal sería hornear arriba y abajo primero durante 25 minutos a 180 ºC y luego 35-40 minutos más a 165 ºC. El horno de mi madre calienta mucho pero es mucho más regular que el mío, así que ya le tiene el truco cogido. Ella tuvo el bizcocho primero 15 minutos y tras bajar la temperatura solamente 20 minutos más. Si no os fiais mucho de los tiempos porque, como siempre decimos, cada horno es un mundo, lo mejor es tener siempre el palillo a mano para comprobar si sale seco. Este bizcocho sube mucho y es importante no abrir la puerta del horno hasta que haya subido.

 No, no usamos un molde más pequeño del que os he dicho, es que el horno de mi madre es enorme!

Una vez confirmado que está hecho, mi madre le da un susto al pastel dejando caer de golpe el molde al suelo de la cocina. De ahí el apodo que le puso al bizcocho. Al parecer, con esta operación se evita que al enfriarse, el bizcocho se baje tanto que se arrugue mucho por los lados. De todas maneras, la altura que vemos en el horno mientras se cocina, no será la del bizcocho acabado y siempre bajará bastante.

Mientras lo dejamos recuperarse del susto y se enfría, prepararemos el almíbar para humedecer el interior antes de rellenar el pastel. Mezclamos en un cazo el coñac con el azúcar y lo quemamos durante medio minuto. Añadimos el agua y removemos.

Desmoldamos el bizcocho y lo dividimos en 2 mitades para poderlo “emborrachar” (pensad que la mayor parte del alcohol se ha quemado). Distribuimos el almíbar de coñac por las dos partes interiores de las capas del bizcocho y lo dejamos reposar para que vaya empapando.

Batimos la mantequilla con el azúcar glas hasta que blanquee y untamos las dos partes del bizcocho con una capa muy fina. Ponemos una capa de la mermelada que más nos guste (mi madre usó una de pétalos de rosa que estaba increíble!) en la capa de abajo y tapamos con la otra.

Para la cobertura, deshacemos el chocolate troceado y la mantequilla a baño maría o en el microondas, mezclamos y le añadimos el agua mientras removemos y dejamos enfriar un poco para que coja cuerpo antes de verter sobre la superficie del pastel intentando cubrirla bien. Nos podemos ayudar de una espátula para repartirla bien e igualarla.

En esta ocasión, como era el cumpleaños de mi suegra, que ha sido bailarina y profesora de ballet, intenté modelar unas zapatillas de ballet con fondant. No había tocado nunca esta pasta pero como ya os conté mi padre era escultor que tenía un don en las manos y yo aprendo mucho mirando. En mi memoria están grabadas a fuego las imágenes de los pimientos y los tomates que nos hacía a mi hermano y a mí cuando éramos pequeños únicamente con la cera de los minibabybel. Yo no tengo ese don, pero sé que puedo hacer algo medio resultón con práctica. La verdad es que las zapatillas me daban un poco de vergüenza porque no me quedaron muy bien, pero a mi suegra le encantaron. Las sacó del pastel para guardárselas antes de cortarlo y por mucho que le dije que se comían, se las llevó para casa.


En el momento de servir el pastel, lo dejamos reposar un momento fuera de la nevera para que brillara bien el chocolate de la cobertura y pegamos unos sprinkles dorados alrededor, pusimos las velas y a disfrutar.





Veredicto y observaciones:
Aunque no lo parezca porque en el interior prácticamente no se ven burbujitas de aire y tiene más el aspecto de una tarta de queso, el bizcocho es ligerísimo, se funde en la boca y está buenísimo!! Además, si lo hace tu madre, complicación cero :P