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domingo, 23 de septiembre de 2012

El cine no es un trozo de vida, sino un pedazo de pastel


Si el maestro del suspense Alfred Hitchcock se hubiera metido en berenjenales pasteleros, seguro que el “bizcocho asustado” de mi madre, le hubiera parecido un pastel de película.

La base de la receta es el bizcocho súper esponjoso de La Cocina de Auro. Como cada año para el cumpleaños de mi suegra, mi madre es la cocinera oficinal y como ya se conoce, pensó que después de una copiosa comilona, lo mejor era hacer un pastel ligero. Triunfó, como siempre.

Ingredientes para la masa:
200g de harina
180g de azúcar
1 cucharadita de levadura
90g de aceite de girasol
180g de leche
4 huevos
Ralladura de 1 limón
50g de almendras picadas
1 pizca de sal

Ingredientes para el almíbar:
6 cucharadas de coñac
2 cucharadas de azúcar
4 cucharadas de agua

Ingredientes para el relleno:
50g de mantequilla blanda
2 cucharadas colmadas de azúcar glas
Mermelada al gusto

Ingredientes para la cobertura:
150g de chocolate de cobertura
50g de mantequilla
50g de agua

Ingredientes para la decoración:
Pasta de azúcar (fondant)
Colorantes en gel
Sprinkles

Preparación:
Precalentamos el horno a 180 ºC y preparamos un molde desmoldable grande (24-26cm) y hondo (8-10cm) en el que forraremos el fondo con papel de horno y engrasaremos bien. Espolvoreamos un poco de azúcar y las almendras picadas, que quedarán en el fondo del bizcocho.

Por otro lado, separamos las claras de las yemas y las batimos con la pizca de sal. Antes de que lleguen a subir mucho, añadimos el azúcar sin dejar de batir y lo continuamos haciendo hasta que lleguen a tener la consistencia firme del merengue.


En otro bol tamizamos la harina y levadura y le añadimos el azúcar, el aceite, las yemas, la leche y la ralladura del limón. Mezclamos bien hasta que estén todos bien integrados y obtengamos una masa homogénea.

Vertemos este preparado sobre las claras montadas que habíamos reservado y con ayuda de una espátula o una lengua pastelera lo mezclamos lentamente con movimientos envolventes para que no se bajen mucho.

Rellenamos el molde con la mezcla y lo metemos en el horno. En esta receta los tiempos también son importantes. Lo normal sería hornear arriba y abajo primero durante 25 minutos a 180 ºC y luego 35-40 minutos más a 165 ºC. El horno de mi madre calienta mucho pero es mucho más regular que el mío, así que ya le tiene el truco cogido. Ella tuvo el bizcocho primero 15 minutos y tras bajar la temperatura solamente 20 minutos más. Si no os fiais mucho de los tiempos porque, como siempre decimos, cada horno es un mundo, lo mejor es tener siempre el palillo a mano para comprobar si sale seco. Este bizcocho sube mucho y es importante no abrir la puerta del horno hasta que haya subido.

 No, no usamos un molde más pequeño del que os he dicho, es que el horno de mi madre es enorme!

Una vez confirmado que está hecho, mi madre le da un susto al pastel dejando caer de golpe el molde al suelo de la cocina. De ahí el apodo que le puso al bizcocho. Al parecer, con esta operación se evita que al enfriarse, el bizcocho se baje tanto que se arrugue mucho por los lados. De todas maneras, la altura que vemos en el horno mientras se cocina, no será la del bizcocho acabado y siempre bajará bastante.

Mientras lo dejamos recuperarse del susto y se enfría, prepararemos el almíbar para humedecer el interior antes de rellenar el pastel. Mezclamos en un cazo el coñac con el azúcar y lo quemamos durante medio minuto. Añadimos el agua y removemos.

Desmoldamos el bizcocho y lo dividimos en 2 mitades para poderlo “emborrachar” (pensad que la mayor parte del alcohol se ha quemado). Distribuimos el almíbar de coñac por las dos partes interiores de las capas del bizcocho y lo dejamos reposar para que vaya empapando.

Batimos la mantequilla con el azúcar glas hasta que blanquee y untamos las dos partes del bizcocho con una capa muy fina. Ponemos una capa de la mermelada que más nos guste (mi madre usó una de pétalos de rosa que estaba increíble!) en la capa de abajo y tapamos con la otra.

Para la cobertura, deshacemos el chocolate troceado y la mantequilla a baño maría o en el microondas, mezclamos y le añadimos el agua mientras removemos y dejamos enfriar un poco para que coja cuerpo antes de verter sobre la superficie del pastel intentando cubrirla bien. Nos podemos ayudar de una espátula para repartirla bien e igualarla.

En esta ocasión, como era el cumpleaños de mi suegra, que ha sido bailarina y profesora de ballet, intenté modelar unas zapatillas de ballet con fondant. No había tocado nunca esta pasta pero como ya os conté mi padre era escultor que tenía un don en las manos y yo aprendo mucho mirando. En mi memoria están grabadas a fuego las imágenes de los pimientos y los tomates que nos hacía a mi hermano y a mí cuando éramos pequeños únicamente con la cera de los minibabybel. Yo no tengo ese don, pero sé que puedo hacer algo medio resultón con práctica. La verdad es que las zapatillas me daban un poco de vergüenza porque no me quedaron muy bien, pero a mi suegra le encantaron. Las sacó del pastel para guardárselas antes de cortarlo y por mucho que le dije que se comían, se las llevó para casa.


En el momento de servir el pastel, lo dejamos reposar un momento fuera de la nevera para que brillara bien el chocolate de la cobertura y pegamos unos sprinkles dorados alrededor, pusimos las velas y a disfrutar.





Veredicto y observaciones:
Aunque no lo parezca porque en el interior prácticamente no se ven burbujitas de aire y tiene más el aspecto de una tarta de queso, el bizcocho es ligerísimo, se funde en la boca y está buenísimo!! Además, si lo hace tu madre, complicación cero :P

martes, 18 de septiembre de 2012

Say Cheeeeeese!


Me gusta el queso, todas y cada una de sus variantes. De pequeña me encantaba el roquefort, el cabrales y el tupi. Mi madre me miraba raro porque ella no es de quesos fuertes ni pensaba que a un crio le pudieran gustar. En esos casos yo me aliaba con mi padre, quesero como yo, y cuando íbamos a comprar era su compinche a la hora de escoger alguna rareza para probar.

Pero el post de hoy no va de quesos fuertes, hoy los quesos suaves se funden con el azúcar y el huevo para deleitar a cualquier paladar. Hoy toca el New York Cheesecake!!!

Hacía mucho tiempo que quería probar de hacerlo, así que rebusqué recetas por toda la red y acabé haciendo la mía propia en base a la que encontré en Recetas de Rechupete.

Aviso navegantes: con estas cantidades sale un superpastel que pesa lo que no está escrito, así que para 2 ni se os ocurra!

Ingredientes para la masa:
Un tubo de galletas maría (30-35 galletas)
75g de mantequilla
6 huevos grandes
400g de queso “Philadelphia”
200g de mascarpone
1 yogur griego
200g de azúcar
300g de nata líquida
50g de harina de repostería
1 cucharadita de esencia de limón

Ingredientes para el pseudocoulis espeso de fresas:
400g de fresas
100g de azúcar
80g de agua
3 cucharadas de zumo de limón

Preparación:
Empezamos triturando las galletas y derritiendo la mantequilla. Mezclamos en un bol con un tenedor o con las manos (ojo si la mantequilla se ha calentado mucho) la mantequilla con las galletas trituradas hasta conseguir una masa homogénea con aspecto de migas.

Ponemos la mezcla en un molde desmoldable de al menos 22 cm de diámetro y vamos cubriendo todo el fondo apretando con los dedos hasta que tenga el mismo grosor en toda la superficie y hasta los bordes. Si queda demasiado esponjoso, se puede poner un momentito en el horno a baja temperatura para que endurezca, pero queda bien igual si no realizamos esta operación.

Mientras se calienta el horno a 200 ºC, batimos bien los huevos con el azúcar. Añadimos los dos quesos, la nata y el yogur y seguimos batiendo hasta que queden bien integrados. Añadimos la esencia de limón y la harina (mejor tamizarla para que cueste menos deshacer grumos) y volvemos a batir para obtener una crema densa y homogénea.

Introducimos la crema en el molde y lo ponemos en el horno unos 10 minutos. Transcurrido este tiempo, bajamos la temperatura a 180 ºC y lo dejamos unos 60 minutos. Como mi horno está especialmente loco, con unos 45 minutos tengo bastante. Es importante que una vez apagado el horno, dejemos que se enfríe poco a poco durante varias horas sin sacar la tarta para que no se agriete. La primera vez que la hice fue la noche antes de mi cumpleaños. Se fue la luz de casa cuando llevaba menos de 40 minutos de horno. No sabía qué hacer, no sabía si estaría suficientemente hecho. La luz volvió y decidí ponerlo 10 minutitos más hasta tenerme que ir. Así que salí de casa dejando el pastel en el horno y sin tener ni idea de si sería aprovechable para el postre del día siguiente. Para mi sorpresa, cuando llegué a casa de madrugada, la tarta estaba agrietada pero hecha, así que lo metí en la nevera, me fui a dormir y por la mañana hice la salsa de fresas.

Para prepararla también había visto varios modos de hacerlo y me inventé un poco las cantidades a ojo. Muchas recetas tiran de mermeladas o preparados de fresa y gelatina para hacer la cobertura de la tarta. Yo no quería desaprovechar los fresones que tenía y que seguramente serían de los últimos de la temporada, pero tampoco quería un coulis al uso, así que los trituré en el Thermomix a 90 ºC con el azúcar, el agua y el zumo de limón a baja velocidad intentando que no se desintegraran y luego lo dejé unos 10 minutos girando al revés a la misma temperatura. Metí la salsa pegajosa pero no muy espesa en un recipiente hermético y listos para la comida familiar.

No hice fotos del proceso y la única que tengo del pastel entero es ésta con los dichosos numeritos. No se aprecia la grieta pero haberla hayla y la tarta no está en todo su esplendor porque a mi pareja no le gustan las mermeladas ni nada que se le parezca, así que cada uno se puso la salsa en la cuña de su plato.
Sí, la que sopla soy yo y la observadora mi madre ^_^'

Veredicto y observaciones:
Es rápido de preparar, lento de cocer, especialito con las temperaturas. Queda suave y cremoso, así que agrietado o no, está de muerte. La segunda vez que lo hice no se fue la luz y también se me agrietó, quizás un poco menos. La próxima vez intentaré controlar mejor las temperaturas y si sigue con las mismas, me replantearé la jubilación inmediata de mi horno.